Filipides Indignado. Humor maratoniano



A las puertas de Atenas llegó jadeante el magnífico hemeródromo Filípides.
El más rápido de todos los mensajeros atenienses llegaba ante la presencia de los notables de la ciudad que esperaban ansiosos sus noticias sobre los últimos acontecimientos en Maratón.
El mensajero comenzó a hablar:

- ¡Es inadmisible!
Vengo desde maratón y esto no puede ser.
Apenas me han dado agua por el camino. Nada de leche de burra, ni gel de esencia de higo. Uno no puede correr con tan poca sustancia.
Luego el recorrido era de lo más aburrido, todo árboles y apenas he visto un templo. Y poco público y malo, en vez de animar me tiraban piedras porque pensaban que era un persa.
Luego esta distancia no es la que tocaba, mi litoPS de pulsera me dice que he corrido más de 245 estadios cuando se supone que desde maratón hay 242. No está bien medido el circuito aunque digan que está homologado.
Y luego, menuda bolsa me han dado para la carrera, ni una sola túnica, solo un taparrabos que ni para tapar daba.
Y la tasa para correr, de locos, noventa dracmas, total para lo que saco, vaya disparate. Menos mal que he corrido descalzo, si llego a usar babuchas persas la carrera me sale por un pico.
Y al llegar, menudo recibimiento. No va y los heraldos ni siquiera se dignan a anunciar mi nombre cuando finalizo la carrera. Menudo héroe griego me puedo sentir así.
Vamos, a la próxima me voy a anunciar a otra batalla que den más cosas.
Y ahora para que os chinchéis no me muero y os quedáis compuestos y sin leyenda.